The following is a translation of “The Trellis: Transmitting Faith Through Community,” originally published by the Institute for Family Studies on Jan. 5, 2026.
By Soren Johnson
Por mucho tiempo he estado familiarizado con la investigación de Christian Smith sobre el impresionante papel que desempeñan los adultos distintos de los padres en la transmisión de la fe a nuestros hijos. He oído charlas al respecto y leído las publicaciones correspondientes y aun las he incorporado en mis presentaciones a las familias. Al resumir los datos que figuran en un reciente artículo publicado en la revista Church Life Journal, Michael Rota y Stephen Bullivant concluyen que “Cuando los niños crecen con muchos adultos católicos que les prestan apoyo en la vida, tienen una mayor probabilidad de seguir siendo católicos, aunque los demás factores no cambien. Los abuelos, amigos, padres, tutores, ministros de los jóvenes y otros adultos distintos de los padres pueden marcar una gran diferencia“.
Puntos sobre salientes
- La presencia de adultos distintos de los padres que estén comprometidos y dotados de profunda fe a menudo marca la diferencia entre una fe nominal en la niñez y una fe perdurable y vivida.
- La investigación nos indica que los adultos dotados de profunda fe son importantes para la transmisión de la creencia y la práctica religiosas.
- Los ritmos tranquilos dentro del hogar—la Iglesia, las comidas en familia, la oración, los deberes, la acogida a otras personas—son fundamentales para dar a nuestros hijos el don de la fe.
Para mí, esto tenía sentido en el nivel intelectual. Pero en el otoño de 2025, cuando uno de mis hijos regresó a casa durante sus primeras vacaciones de la universidad, vi el importante papel que desempeña la comunidad religiosa en tiempo real. Un sábado en las primeras horas de la mañana, mi hijo me sorprendió al acompañarme a dar una charla al grupo masculino de mi parroquia. En lugar de sufrir durante una mañana difícil con su papá, quedó fascinado.
Después, mientras tomábamos café con rosquillas, le pregunté si estaba listo para irse. Con una sonrisa me dijo: “estoy conectándome con mis compañeros” y fuimos hasta el auto. Luego, citó los nombres de cinco hombres que habían frecuentado regularmente nuestro café católico donde él trabajaba y ellos eran voluntarios con el grupo juvenil, habían sido chaperones para un retiro de jóvenes, lo contrataban para servicios de limpieza interior y exterior de autos o eran los padres de sus amigos. Cada uno tenía verdadera curiosidad de saber cómo había sido su primer mes en la universidad. Y esta experiencia no se ve solamente en mi Iglesia: ya sea que una familia asista a una parroquia católica, a una congregación protestante, a una iglesia no confesional o no frecuente ninguna de esas instituciones, la necesidad de tener una comunidad estable y arraigada fuera del núcleo familiar es universal.
Un enrejado de fe
Las plantas nos muestran algo similar. Cuando el viento azota a un árbol, este último libera una hormona del crecimiento llamada auxina, que fortalece las raíces y aumenta la resiliencia de la planta. Sin esa hormona, aun una planta alta se quiebra y colapsa en una tormenta. A las enredaderas les sucede lo mismo: sus puntas en crecimiento buscan un punto de contacto y cuando encuentran una superficie envían más zarcillos. La adversidad las obliga a buscar una conexión que termina por convertirse en su fortaleza.
Obviamente, las familias creyentes de hoy en día se enfrentan a vientos contrarios más fuertes que nunca. Como explican Rota y Bullivant, en la actualidad solamente 11% de las personas que crecieron siendo católicas asisten a Misa. Aunque esa cifra puede llegar a 60% de las personas evangélicas, cada denominación tiene un aumento sin precedentes del número de jóvenes sin ninguna afiliación. Sin embargo, es posible que los padres no se den cuenta de que estas tormentas pueden activar sus propias “hormonas del crecimiento” espiritual y un nuevo deseo de formar parte de una comunidad, tener amistades y establecer una conexión presencial. Al igual que las enredaderas que buscan un enrejado, instintivamente los padres buscan estructuras de apoyo para sí mismos y para la formación de sus hijos.
La necesidad de tener una comunidad estable y arraigada fuera de la familia nuclear es universal.
Aun una mirada superficial al panorama actual de la vida parroquial católica da fe de las prometedoras tendencias de construcción de enrejados. En el periódico semanal The National Catholic Register, Zelda Caldwell esboza varias iniciativas emergentes, incluso menciona los grupos de Trinity House Community patrocinados por el ministerio que fundamos mi esposa y yo.
En su conjunto, estas iniciativas reflejan lo que J.D. Flynn, uno de los creadores del sitio web The Pillar, describió recientemente como una “comunidad sólida”. En una mirada retrospectiva a la época de su crecimiento, escribe lo siguiente:
Y por causa de esa comunidad, puedo nombrar a una docena de adultos cuya propia fe cristiana influyó en mí cuando era niño — personas que no eran mis padres, cuyo espíritu cristiano era palpablemente la fuerza que animaba su vida y que habían invertido en mi vida.
Al resumir las tendencias, Michael Rota declaró lo siguiente en The National Catholic Register,
Si ustedes se congregan en una comunidad y juntos reciben formación religiosa y llevan una vida cristiana, eso significará automáticamente que sus hijos harán muchas de las cosas que, según sabemos, aumentarán la probabilidad que se identifiquen real y firmemente como católicos.
Esta idea se puede aplicar a cada comunidad creyente hoy en día y destaca la importancia de los tutores y de los compañeros con ideas afines para criar hijos con resiliencia espiritual. La presencia de adultos distintos de los padres que estén comprometidos y dotados de profunda fe a menudo marca la diferencia entre una fe nominal en la infancia y una fe perdurable y vivida.
Como enredaderas que buscan un enrejado, los padres buscan instintivamente estructuras de apoyo para sí mismos y para la formación de sus hijos.
Las familias necesitan una comunidad sólida
Por supuesto, también es importante crear una cultura familiar cristiana en el hogar. Los ritmos tranquilos dentro del hogar—la Iglesia, las comidas en familia, la oración, los deberes, la acogida a otras personas—son fundamentales para dar a nuestros hijos el don de la fe. Pero Justin Woodworth, padre de cinco hijos y un colega participante en el grupo de Trinity House Community reveló qué sucede cuando esto se amplía por medio de una comunidad sólida. En una declaración en The National Catholic Register dijo: “En realidad, estoy aquí sentado con estas 20 personas y en grupo nos contamos los mismos problemas, en lugar de limitarnos sencillamente a ir a Misa juntos. Es un nivel más profundo de conocimiento de otras familias y otros padres y de compartir las mismas luchas”.
Vivir la vida junto con otras familias ya no es ningún concepto académico vago para mí. Al ver a mi hijo—de pie en el salón parroquial, riéndose con hombres que en silencio habían invertido en él por años—vi la realidad de todo esto. La investigación nos dice que los adultos dotados de profunda fe son importantes para la transmisión de la creencia y la práctica religiosas. La comunidad puede marcar una diferencia. Pero al ver a mi hijo reconectado con “sus compañeros”, me di cuenta de algo más profundo: el enrejado ya se había construido a su alrededor, con una pieza de apoyo a la vez.
Soren y Ever Johnson son codirectores de Trinity House Community, una organización sin fines de lucro creada con la misión de ayudar a las familias a tener el Cielo en su hogar. Los grupos parroquiales de Trinity House Community trabajan activamente en 15 estados.
